cuando pienso en esa boca me acuerdo de la puerta de entrada y un cigarro,
era de noche y no hacía demasiado frío.
mis dedos entrelazados a los suyos,
rogándole al reloj para que se vaya a dormir y se olvide de contar
las pocas horas que nos quedaban para robarle.
yo abrazándola de lado y ella dejándose llevar,
entregados a la pasión del momento, preocupados por nada
más que la adrenalina de cada segundo, improvisando el papel de dos extras
que probablemente desaparezcan en el siguiente guión
pero que simplemente no les importa.

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