Con su olor a tallarín con chanfainita debajo del puente,
su combi repleta de gente que sigue y sigue subiendo,
su tráfico del infierno y su cumbia maldita,
su jeringa, su melcochita, su chato barraza,
con su ají en un plato gigante de pollo a la brasa,
su polvos azules a la hora de almuerzo,
su serpentina bien helena y su chicha morada de maíz,
con su criollada, su salsa y sus choros cumpliendo condena,
¡como quiero a mi país!

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